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Tras dos semanas de intensos debates, llegó a su fin la cumbre sobre cambio climático en Alemania.

Por: Tatiana Pardo Ibarra
19 de noviembre 2017 , 11:55 p.m.

El hecho de que más de 20 países decidieran dejar de usar el carbón como combustible para generar energía eléctrica hizo, para muchos, que la Conferencia de Cambio Climático, que este año se celebró en Bonn (Alemania) y que finalizó este fin de semana, tuviera sentido. Significa que la transición hacia economías más verdes empieza a llamar la atención de las grandes potencias como Canadá, Reino Unido, Suiza, Austria, Francia e Italia, que unánimemente -y tras varios estudios científicos que se presentaron- reconocen que el 40 por ciento de las emisiones de gases de efecto invernadero provienen de la quema de este mineral.

“La ciencia es clara: no hay lugar para el carbón en un mundo con 1,5° C más de temperatura. Nuestras sociedades deben contar con fuentes de energía limpias que sean buenas para las personas, sus vidas y sus medios de subsistencia, y también para el planeta”, dijo Manuel Pulgar Vidal, líder del programa global de clima y energía de WWF.

Y es que las últimas investigaciones advierten que para 2030 el carbón deberá desaparecer de la matriz energética de los países de la OCDE, y del mundo entero para 2050, si se quiere cumplir las metas que establece el Acuerdo de París.

Así que tal como le dijo a EL TIEMPO, Isabel Cavelier Adarve, directora de Transforma, le llegó la hora a Colombia de tomarse en serio el tema, planear un futuro sin este mineral y fortalecer otras economías, más renovables y limpias.

“Bloomberg calcula que, al 2040, el 72 por ciento de las inversiones en el sector energía irán a renovables (unos US$ 7 billones). Esto está relacionado con el Libro de Metas que se logró establecer aquí, donde se definió el esquema para empezar a cumplir con los compromisos del Acuerdo de París”, dijo Cavelier.

Durante la COP21, realizada en la capital francesa, se estableció que antes de 2020 los países tendrán que aumentar su nivel de ambición respecto a los compromisos nacionales. En ese escenario, este libro plantea las reglas de juego y da respuesta a las preguntas de cómo, cuánto, a quién, cada cuánto y de qué manera se logrará cumplir con la meta de no aumentar la temperatura del planeta en 2° C con respecto a la era preindustrial.

Según explica Cavelier, aquí Colombia juega un papel importante: “Por un lado, nos abre el espacio para que, como país vulnerable y con mucho interés en que estas negociaciones no se estanquen, logremos que la acción colectiva de la que depende resolver el problema de cambio climático, efectivamente se genere durante los próximos años, pues tenemos un rol de mediadores, ya que no defendemos opiniones extremistas sino que buscamos el consenso”, señaló.

De igual manera, pone a Colombia en el radar internacional y genera mayor presión. “Nos obliga a que el discurso de reducir las emisiones y cumplir con los compromisos, gane un nivel político en nuestra jurisdicción; lo que permite que se generen espacios de discusión para saber cómo vamos y en qué estamos fallando”, comenta la experta, quien ha seguido con lupa las negociaciones durante los últimos años.

TATIANA PARDO IBARRA
Enviada especial de EL TIEMPO
Bonn (Alemania) @Tatipardo2

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